4 COLUMNAS:
SALVACIÓN, GRACIA DE DIOS, IGLESIA Y VIDA ETERNA.

PRIMER COLUMNA – LA SALVACION

Clase 2:
El plan de salvación:  Solo Jesús puede Salvar

Introducción

La mayoría de las religiones del mundo cree y sustenta su salvación en las buenas obras.

la salvación por obras pareciera correcta a los ojos de los hombres: nuestras «buenas obras» deben superar nuestras «malas obras». En eso creen el Islam, Hinduismo, Budismo y muchas más. Uno de los deseos básicos del hombre es estar en control de su propio destino, y eso incluye su destino eterno.

La salvación por obras apela a la soberbia del hombre y a su deseo de estar en control. Ser salvos por obras busca mucho más ese deseo que la misma idea de ser salvos solo por fe.

Además, el hombre tiene un sentido inherente de la justicia. Incluso, el ateo más ferviente cree en algún tipo de justicia y tiene una noción del bien y del mal, incluso si no tiene una base moral para hacer tales juicios.

Nuestro sentido innato de lo correcto y lo incorrecto, requiere que si hemos de ser salvos, nuestras «buenas obras» deben superar nuestras «malas obras».

Por lo tanto, es natural que cuando el hombre crea una religión, debe involucrar algún tipo de salvación por obras.

Ya que la salvación por obras apela a la naturaleza pecaminosa del hombre, esta constituye la base de casi todas las religiones, excepto el Cristianismo bíblico.

Esta es precisamente la razón por la cual el Cristianismo bíblico es tan diferente de todas las otras religiones, es la única religión que enseña que la salvación es un don de Dios y no es por obras. «Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe» (Efesios 2:8-9).

Jesús es el único camino al cielo

Una afirmación tan exclusiva puede rechinar en el oído postmoderno, pero no por ello deja de ser cierta. La biblia enseña que no hay otro camino para la salvación sino través de Jesucristo. Jesús mismo dice en Juan 14:6 » Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí». Él no es un camino, como en uno de muchos; Él es el camino, como el primero y único. Nadie, a pesar de su reputación, logros, conocimiento especial o santidad personal, puede venir a Dios el Padre excepto a través de Jesús.

JESÚS ES EL ÚNICO CAMINO AL CIELO POR VARIAS RAZONES:

– Jesús fue «elegido por Dios» para ser el Salvador (1 Pedro 2:4).

– Jesús es el único que ha bajado del cielo y ha regresado allí (Juan 3:13).

– Él es la única persona que ha vivido una vida humana perfecta (Hebreos 4:15).

– Él es el único sacrificio por el pecado (1 Juan 2:2; Hebreos 10:26).

– Él solo cumplió la ley y los profetas (Mateo 5:17).

– Él es el único hombre que ha vencido a la muerte para siempre (Hebreos 2:14-15).

– Él es el único mediador entre Dios y el hombre (1 Timoteo 2:5).

– Él es el único hombre a quien Dios ha «exaltado… hasta lo sumo» (Filipenses 2:9).

JESUS HABLO ACERCA DE SI MISMO:

En varios lugares además de Juan 14:6, Jesús habló de sí mismo como el único camino al cielo.

Él se presentó como el objeto de la fe en Mateo 7:21-27.

Dijo que Sus palabras son vida (Juan 6:63).

Él prometió que aquellos que creen en Él tendrán vida eterna (Juan 3:14-15).

Él es la puerta de las ovejas (Juan 10:7); el pan de vida (Juan 6:35); y la resurrección (Juan 11:25).

Nadie más puede reclamar esos títulos. Y nadie más lo ha hecho en toda la historia.

HISTORICIDAD DE JESÚS

La mayoría de las personas cuando les dices: “eso dice la biblia” ponen en duda su veracidad dado que no tienen la fe necesaria para aceptar a Jesús. No aceptan la idea de que la Biblia puede ser considerada como una fuente de evidencia sobre la existencia de Jesús.

El Nuevo Testamento contiene cientos de referencias y evidencia de Jesucristo y términos de evidencias antiguas, los escritos hechos menos de 200 años después de que los eventos ocurrieran, son considerados como evidencias muy confiables.

Más aún, la gran mayoría de los estudiosos (cristianos y no cristianos) aceptarán que las Epístolas de Pablo (al menos algunas de ellas) fueron de hecho escritas por Pablo en la mitad del primer siglo d.C., menos de 40 años después de la muerte de Jesús.

En términos de evidencias de manuscritos antiguos, esta es una prueba extraordinariamente fuerte de la existencia de un hombre llamado Jesús en Israel a principios del primer siglo d.C.

También es importante reconocer que en el año 70 d.C., los romanos invadieron y destruyeron Jerusalén y la mayor parte de Israel, matando a sus habitantes. Ciudades enteras fueron literalmente quemadas hasta sus cimientos. Entonces, no debería sorprendernos si mucha de la evidencia de la existencia de Jesús fue destruida. Muchos testigos oculares de Jesús debieron haber muerto. Estos hechos obviamente disminuyeron la cantidad de testimonios de testigos oculares sobrevivientes de Jesús.

Considerando el hecho de que el ministerio de Jesús fue reducido a un lugar culturalmente atrasado en un pequeño rincón del imperio romano, hay una sorprendente cantidad de información acerca de Jesús que puede ser extraída de fuentes históricas seculares. Algunas de las más importantes evidencias históricas de Jesús, incluyen lo siguiente:

El historiador romano Tácito del primer siglo, quien es considerado uno de los más precisos historiadores del mundo antiguo, mencionó a los supersticiosos “Cristianos” (“de Christus” lo cual es Cristo en latín), quienes sufrieron bajo Poncio Pilato durante el reinado de Tiberio. Suetonio, secretario en jefe del emperador Adriano, escribió que había un hombre llamado Chrestus (o Cristo) que vivió durante el primer siglo (Anales 15.44).

Flavio Josefo es el más famoso historiador judío. En sus Antigüedades se refiere a Santiago como, “el hermano de Jesús, a quien llamaban el Cristo”. Hay un verso controversial (18:3) que dice, “En aquel tiempo había un hombre sabio, Jesús, si es que es lícito llamarlo un hombre. Porque era un hacedor de maravillas…. Él era[el] Cristo… se les apareció vivo de nuevo al tercer día, como los profetas divinos habían predicho estas y otras diez mil cosas maravillosas acerca de él». Una versión dice: «En aquel tiempo había un sabio llamado Jesús. Su conducta era buena y era conocido por ser virtuoso. Y muchas personas de entre los judíos y de las otras naciones se convirtieron en sus discípulos. Pilato lo condenó a ser crucificado y a morir. Pero los que se hicieron sus discípulos no abandonaron su discipulado. Informaron que se les había aparecido tres días después de su crucifixión, y que estaba vivo; por lo tanto, tal vez era el Mesías, del cual los profetas han relatado maravillas».

Julio Africano en su obra cita al historiador Talus en una discusión acerca de las tinieblas que siguieron a la crucifixión de Cristo (Escritos Existentes, 18)

Plinio el Menor, en Cartas 10:96, registró las prácticas de adoración del cristianismo primitivo, incluyendo el hecho de que los cristianos adoraban a Jesús como Dios y eran muy éticos, e incluye una referencia a las festividades y la Cena del Señor.

El Talmud de Babilonia (Sanedrín 43ª.) confirma la crucifixión de Jesús en la tarde de Pascua, y las acusaciones contra Cristo de practicar la brujería y fomentar la apostasía judía.

Luciano de Samosata, fue un filósofo y escritor griego del segundo siglo, quien admite que Jesús fue adorado por cristianos, introduciendo nuevas enseñanzas y que fue crucificado por ellos. Él dijo que las enseñanzas de Jesús incluían la hermandad entre los creyentes, la importancia de la conversión y la importancia de negar a otros dioses. Los cristianos vivían de acuerdo a las leyes de Jesús, creyéndose a sí mismos inmortales y se caracterizaban por despreciar la muerte, la abnegación voluntaria y la renuncia a los bienes materiales.

Mara Bar-Serapión confirma que Jesús demostró ser un hombre sabio y virtuoso, que fue considerado por muchos como el rey de Israel, fue llevado a la muerte por los judíos y siguió viviendo en las enseñanzas de sus seguidores.

De hecho, podemos reconstruir el evangelio solo a partir de las primitivas fuentes no cristianas: Jesús fue llamado el Cristo (Josefo), hizo “maravillas”, guió a Israel a nuevas enseñanzas, y fue colgado en la Pascua por ellos (Talmud de Babilonia) en Judea (Tácito), pero afirmó ser Dios y que regresaría (Eliazar), lo cual sus seguidores creyeron, adorándolo como a Dios (Plinio el Menor).

Hay evidencia abrumadora de la existencia de Jesucristo, tanto en la historia bíblica como la secular. Quizás la evidencia más grande de que Jesús existió es el hecho de que literalmente miles de cristianos del primer siglo, incluidos los 12 apóstoles, estuvieron dispuestos a dar sus vidas como mártires por Jesucristo.

FUERTE FUNDAMENTO:

La gente morirá por lo que creen que es verdad, pero ninguno morirá por lo que ellos saben que es una mentira.

SU RESURRECIÓN

La predicación de los apóstoles se centró en la muerte y resurrección del Señor Jesús. Pedro, hablando al sanedrín, proclamó claramente a Jesús como el único camino al cielo: «Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos» (Hechos 4:12).

Pablo, hablando a la sinagoga en Antioquía, señaló a Jesús como el Salvador: » Sabed, pues, esto, varones hermanos: que por medio de él se os anuncia perdón de pecados, y que de todo aquello de que por la ley de Moisés no pudisteis ser justificados, en él es justificado todo aquel que cree» (Hechos 13:38-39). J

uan, escribiendo a la iglesia en general, especifica el nombre de Cristo como la base de nuestro perdón: «Os escribo a vosotros, hijitos, porque vuestros pecados os han sido perdonados por su nombre» (1 Juan 2:12). Nadie más que Jesús puede perdonar pecados.

La vida eterna en el cielo sólo es posible a través de Cristo. Jesús oró: «Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado» (Juan 17:3). Para recibir el regalo gratuito de la salvación de Dios, debemos mirar a Jesús y sólo a Jesús. Debemos confiar en la muerte de Jesús en la cruz como nuestro pago por el pecado y en Su resurrección. «La justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en Él» (Romanos 3:22).