Estudios Bíblicos, Vida eterna

Clase 16 – ¿Qué haremos en el Cielo?

4 COLUMNAS:
SALVACIÓN, GRACIA DE DIOS, IGLESIA Y VIDA ETERNA.

CUARTA COLUMNA – LA VIDA ETERNA

Clase 16 – ¿Qué haremos en el Cielo?

Introducción

En Lucas 23:43, Jesús declaró, “De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso”. La palabra que Jesús usó para ‘paraíso’ es paradeisos que significa “un parque, es decir, (específicamente) un Edén (un lugar de felicidad futura, paraíso)”.

Paradeisos es la palabra griega tomada de la palabra hebrea pardes que significa “un parque: bosque, huerta” (Strong´s). Jesús le dijo: “…hoy estarás conmigo…” en “paradeisos”, no en “nephele” que es griego para «en las nubes».

El punto es que Jesús escogió y utilizó la palabra para “un parque”. No cualquier parque sino “el paraíso de Dios” (Apocalipsis 2:7) que para nosotros será un lugar de felicidad futura. ¿Esto suena como un lugar aburrido? Por supuesto que no.

Jesús le dijo: «Al Señor tu Dios adorarás, y a él sólo servirás» (Mateo 4:10). Es interesante notar que Jesús no dijo “alabar y servir” sino esta en tiempo futuro.
Las palabras “alabar y servir” denostan “Adoracion”. Un breve examen de la palabra alabanza en la Biblia indica rápidamente que es una cosa verbal y se manifiesta en su mayor parte cantando. La adoración, sin embargo, es desde el corazón.

En otras palabras:
Adoramos por la revelación de su bondad, de su amor, de su fidelidad y esa revelación produce que le alabemos en cantico, en alabanzas, por eso cantamos.
No cantamos para su bondad, para su amor, sino que cantamos desde el corazón, desde su bondad, de su amor para y en adoracion.
La adoración se manifiesta en la alabanza. Servir a Dios es adoración, y la Escritura es clara que serviremos a Dios en el cielo. «Sus siervos le servirán» (Apocalipsis 22:3).

No podemos servir plenamente a Dios en esta vida debido al pecado, pero en el cielo “no habrá más maldición” (Apocalipsis 22:3). No estaremos más bajo la maldición del pecado, así que todo lo que hagamos en el cielo será adoración. Nosotros nunca seremos motivados por algo aparte de nuestro amor por Dios. Todo lo que hagamos será por amor a Dios, no manchado por nuestra naturaleza pecaminosa.

Entonces, ¿qué haremos en el cielo?

1.- Una cosa es que vamos a aprender.
“Porque ¿quién entendió la mente del Señor? ¿O quién fue su consejero?” (Romanos 11:34), “en quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento» (Colosenses 2:3). Dios es “el Alto y Sublime, el que habita la eternidad” (Isaías 57: 15). Dios es más grande que para siempre, y llevará la eternidad para «comprender con todos los santos cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura, y de conocer el amor de Cristo» (Efesios 3:18-19). En otras palabras, nunca dejaremos de aprender.

2.- La Palabra de Dios dice que no estaremos solos en Su paraíso
“…entonces conoceré como fui conocido” (1 Corintios 13:12). Esto parecería indicar que no sólo conoceremos a nuestros amigos y familia, sino que los conoceremos totalmente. En otras palabras, no hay necesidad de secretos en el cielo. No hay de qué avergonzarse. No hay nada que ocultar. Tendremos la eternidad para interactuar con “una gran multitud, la cual nadie podía contar, de todas naciones y tribus y pueblos y lenguas” (Apocalipsis 7:9). No es de extrañar que el cielo sea un lugar de aprendizaje infinito. ¡Conocer a todos en el cielo requerirá la eternidad!

Cualquier otra anticipación sobre lo que haremos en el parque eterno de Dios, el cielo, será superado cuando “el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo” (Mateo 25:34).

La nueva Jerusalén – La Ciudad de Dios
La nueva Jerusalén, que también es llamada el tabernáculo de Dios, la ciudad santa, la ciudad de Dios, la ciudad celestial, la ciudad cuadrangular y la Jerusalén celestial, es, literalmente, el cielo en la tierra. Es mencionada en la biblia en varios lugares (Gálatas 4:26; Hebreos 11:10; 12:22-24; 13:14), pero se describe con todo detalle en Apocalipsis 21.

En Apocalipsis 21, la historia del hombre ha llegado a su fin. De todas las edades han venido y se han ido. Cristo ha reunido a su iglesia en el arrebatamiento (1 Tesalonicenses 4:15-17). La tribulación ha pasado (Apocalipsis 6-18). La batalla de Armagedón se ha peleado y nuestro Señor Jesucristo la ha ganado (Apocalipsis 19:17-21). Satanás ha sido encadenado durante los 1,000 años del reinado de Cristo sobre la tierra (Apocalipsis 20:1-3). Se ha establecido un nuevo templo glorioso en Jerusalén (Ezequiel 40-48). La última rebelión contra Dios ha sido anulada, y Satanás ha recibido su justo castigo, una eternidad en el lago de fuego (Apocalipsis 20:7-10.) El juicio del gran trono blanco ha tomado su lugar, y la humanidad ha sido juzgada (Apocalipsis 20:11-15).

En Apocalipsis 21:1 Dios hace una transformación completa del cielo y de la tierra (Isaías 65:17; 2 Pedro 3:12-13). El nuevo cielo y la nueva tierra son lo que algunos llaman el «estado eterno» y será «donde mora la justicia» (2 Pedro 3:13). Después de la re-creación, Dios revela la nueva Jerusalén.

Juan echa un vistazo en su visión: «la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido» (Apocalipsis 21:2). Esta es la ciudad que Abraham vio en fe (Hebreos 11:10). Es el lugar donde Dios habitará con su pueblo para siempre (Apocalipsis 21:3). Las lágrimas de los habitantes de esta ciudad se enjugarán (Apocalipsis 21:4).

La nueva Jerusalén será increíblemente enorme. Juan registra que la ciudad tiene casi 1.400 millas de largo (Mas de 2 millones de metros), y su longitud es igual a su anchura, y su altura igual a su longitud, en otras palabras un cubo perfecto (Apocalipsis 21:15-17). La ciudad también será deslumbrante en todo aspecto. Es iluminada por la gloria de Dios (Apocalipsis 21:23). Sus doce cimientos llevan los nombres de los doce apóstoles, «están decorados con todo tipo de piedras preciosas» (Apocalipsis 21:19-20). Tiene doce puertas, y cada una es una perla, con los nombres de las doce tribus de Israel (Apocalipsis 21:12, 21). La calle será hecha de oro puro (Apocalipsis 21:21).

La nueva Jerusalén será un lugar de bendición inimaginable. La maldición de la primera tierra habrá desaparecido (Apocalipsis 22:3). En la ciudad estará el árbol de la vida «para la sanidad de las naciones», y el río de la vida (Apocalipsis 22:1-2). Es el lugar del cual habló Pablo: «para mostrar [Dios] en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús» (Efesios 2:7). La nueva Jerusalén es el cumplimiento definitivo de todas las promesas de Dios. La nueva Jerusalén es la bondad de Dios manifestada plenamente.

¿Quiénes son los residentes de la nueva Jerusalén?
El padre y el cordero están allí (Apocalipsis 21:22).
Los ángeles están a las puertas (Apocalipsis 21:12). Pero la ciudad se llenará con los hijos redimidos de Dios.
La nueva Jerusalén es la lucha justa contra la perversa Babilonia (Apocalipsis 17), destruida por el juicio de Dios (Apocalipsis 18).