Estudios Bíblicos, Iglesia

Clase 12 – La novia del Cordero

4 COLUMNAS:
SALVACIÓN, GRACIA DE DIOS, IGLESIA Y VIDA ETERNA.

TERCERA COLUMNA – LA IGLESIA

Clase 12 – La Novia del Cordero

Introducción
A la iglesia se ilustra como el cuerpo y la novia del cordero, esto no significa que literalmente sea un cuerpo como tal o una novia sino que son imágenes y simbolismo que nos quieren enseñar una función, su propósito y carácter. Dios no es un león, no es un cordero, no es un hombre. Son solo imágenes para mostrarnos función, propósito y carácter de Dios.

En este ultimo estudio sobre “La iglesia” quiero que la conozcamos como:
LA NOVIA DEL CORDERO.

«Gocémonos y alegrémonos y démosle gloria; porque han llegado las bodas del Cordero, y su esposa se ha preparado. Y a ella se le ha concedido que se vista de lino fino, limpio y resplandeciente; porque el lino fino es las acciones justas de los santos. Y el ángel me dijo: Escribe: Bienaventurados los que son llamados a la cena de las bodas del Cordero. Y me dijo: Estas son palabras verdaderas de Dios.»
Apocalipsis 19:7-9

Las imágenes y el simbolismo del matrimonio, se aplican a Cristo y al cuerpo de creyentes conocido como la iglesia. La iglesia está compuesta por todos aquellos que han confiado en Jesucristo como su salvador personal y que han recibido la vida eterna. Cristo, el esposo, con mucho sacrificio y con amor, ha escogido a la iglesia para ser Su esposa (Efesios 5:25-27).

Tal como hubo un período de desposarse en tiempos bíblicos, durante el cual la novia y el novio estaban separados hasta la boda, así mismo la esposa de Cristo está separada de Su esposo durante la era de la iglesia. La responsabilidad de la novia durante el período de esponsales, es ser fiel a Él (2 Corintios 11:2; Efesios 5:24). En la segunda venida de Cristo, la iglesia estará unida con el esposo, y se llevarán a cabo las «bodas», y de esta manera se restaurará la eterna unión de Cristo y Su esposa (Apocalipsis 19:7-9; 21:1-2).

CASADOS CON CRISTO
En el estado eterno, los creyentes tendrán acceso a la ciudad celestial conocida como la Nueva Jerusalén, a la que también se le llama «la ciudad santa» en Apocalipsis 21:2, 10.

La Nueva Jerusalén no es la iglesia, pero tiene algunas características de la iglesia. En su visión del fin de los tiempos, el apóstol Juan ve a la ciudad descendiendo del cielo adornada «como una novia», dando a entender que la ciudad será gloriosamente radiante y los habitantes de la ciudad, los redimidos del Señor, serán santos y puros, llevando puestas vestiduras blancas de santidad y justicia.

Algunos han malinterpretado el versículo 9 para dar a entender que la ciudad santa es la novia de Cristo, pero eso no puede ser porque Cristo murió por Su pueblo y no por una ciudad.

A la ciudad se le llama la esposa porque incluye a todos los que son la esposa, del mismo modo que a todos los estudiantes de un colegio a veces se les llama «el colegio».

Los creyentes en Cristo Jesús son la esposa de Cristo, y esperamos con gran anticipación el día cuando estaremos unidos con nuestro esposo. Hasta entonces, nos mantenemos fieles a Él y decimos con todos los redimidos del Señor: «¡Ven Señor Jesús!» (Apocalipsis 22:20).

LAS BODAS EN LOS TIEMPOS DE JESÚS
En su visión de Apocalipsis 19:7-10, Juan vio y escuchó la voz de una gran multitud celestial, alabando a Dios porque la fiesta de las bodas del Cordero – literalmente la “cena de las bodas” – estaba por comenzar. El concepto de la cena de las bodas, es mejor entendido a la luz de las costumbres que se seguían en las bodas durante los tiempos de Cristo.

Esta costumbre respecto a las bodas tenía tres etapas principales. Primero, se hacía un contrato de matrimonio que era firmado por los padres de la novia y del novio, y los padres de la novia pagaban una dote al novio o a sus padres. Esto daba inicio a lo que llamaban el período de los esponsales – lo que ahora conocemos como el compromiso. Este período era en el que se encontraban José y María cuando se halló que ella estaba encinta (Mateo 1:18; Lucas 2:5).

La segunda etapa en el proceso usualmente ocurría un año después, cuando el novio, acompañado por sus amigos varones, iban a la casa de la novia a media noche, creándose un desfile con antorchas que iba a través de las calles. La novia sabía con anticipación que esto iba a suceder, así que ella estaba preparada con sus doncellas, y todas ellas se unían al desfile que terminaba en la casa del novio. Esta costumbre es la base de la parábola de las diez vírgenes en Mateo 25:1-13.

La tercera fase era la cena de bodas misma, que podría durar por días, como se ilustra en las bodas de Caná en Juan 2:1-2.

Lo que describe la visión de Juan en Apocalipsis es la celebración de las bodas del Cordero (Jesucristo) y Su novia (la Iglesia) en su tercera fase. La implicación es que las dos primeras fases ya han ocurrido. La primera fase fue cumplida en la tierra cuando cada creyente puso su fe en Cristo como Salvador. La dote pagada al Padre del Novio (Dios Padre) sería la sangre de Cristo derramada en nombre de la Novia. Entonces, la Iglesia que se encuentra en la tierra actualmente, está “comprometida” con Cristo, y al igual que las vírgenes prudentes en la parábola, todos los creyentes deben permanecer vigilantes y en espera de la aparición del Novio (la Segunda Venida). La segunda fase simboliza el Arrebatamiento de la Iglesia, cuando Cristo viene a reclamar a Su novia y la lleva a la casa del Padre. Entonces, la cena de las bodas será el tercero y último paso.

Los invitados a la celebración de las bodas no serán solo la Iglesia como la novia de Cristo, sino también otros. Los “otros” incluyen a los santos del Antiguo Testamento, quienes serán resucitados en la Segunda Venida de Cristo, así como los mártires muertos en la Tribulación. Como el ángel le dijo a Juan que escribiera, “Bienaventurados los que son llamados a la cena de las bodas del Cordero.”

COMO NOVIA DEL CORDERO LA IGLESIA POSEE EL MEJOR AMANTE

1. Juan el Bautista presentó a Jesús como el Esposo.
Su ministerio tuvo como propósito presentar a Cristo como el esposo de la iglesia. Él vino para hacer la “unión terrenal” entre Cristo y la iglesia. Cuando algunos de sus discípulos vinieron preocupados porque las multitudes estaban yéndose tras Jesús, él mismo afirmó que no era el Cristo, sino el “amigo del esposo” (Jn. 3:29). Para aquellos tiempos el amigo del esposo era el encargado de hacer todos los preparativos para los enlaces nupciales. Esperaba hasta que el esposo llegara con su amada a la cámara nupcial. Cuando oía los gritos que anunciaban la llegada de los novios, les abría la puerta y una vez adentro se aseguraba de dejar todo arreglado, y cerraba la puerta se perdía en medio de la oscuridad, feliz por haber cumplido con su tarea. Juan el Bautista fue como el “pastor” que unió a Cristo con la iglesia en la tierra. Ahora el cielo aguarda para la unión más gloriosa de los siglos. Allí el amado aguarda por su amada el tiempo del fin.

2. ¿Cuánto amó Cristo a su iglesia?
Esta es la pregunta que más toca el corazón del creyente. Pablo, hablando del amor que debiera tener el esposo por su esposa, lo puso a la altura del amor de Cristo por su iglesia, al dicirnos: “Así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha…” (Ef. 5:25-27). Si queremos saber cuánto amó Cristo a su iglesia tenemos que mirar la cruz. Los clavos que sostuvieron su cuerpo son la referencia que tenemos para ver la magnitud de su amor. Note que la entrega por su amada fue para santificarla. Su amor fue redentor y purificador. No hay amor más grande que este.

3. “Para que donde yo esté vosotros también estéis”.
Jesús conoce cómo es el cielo porque ha sido el único que descendió del cielo. A sus atribulados discípulos les aseguró la promesa de tenerlos consigo en la casa de su Padre. Jesús sabe que no habrá mejor lugar para la esposa amada que ese. En el cortejo celestial veremos el rostro del novio con el resplandor de su gloria y con la satisfacción de la dicha eterna. Será aquel momento para recordar las palabras: “Como había amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin» (Juan 13:1). En ese nuevo estado, sin “mancha ni arrugas”, la iglesia como esposa del Cordero conocerá del eterno amor de su Esposo. El gozo del esposo es tener a su esposa a su lado para siempre.